|
Poblado
Areas
Sumario
Compras |
El príncipe galante y la ondina del lago Érase una vez una ondina llamada Prathé, quien se enamoró de un príncipe mortal, con el que prontamente se desposó y por el cual abandonando su morada del lago. Al casarse con su enamorado, la ondina adquirió un alma humana perfecta. Sin embargo, cuando la Reina del lago dio su consentimiento para la boda, le impuso a la ondina una única condición: su matrimonio siempre sería dichoso mientras su marido le fuese fiel. Naturalmente, la reina del lago conocía la debilidad que los hombres mortales sienten hacia el sexo contrario de su misma raza y confiaba en esa debilidad para devolver a Prathé al lago. Y efectivamente, el príncipe, hombre galanteador y conquistador por naturaleza, no tardó en encapricharse de una bella dama de su corte y la pobre ondina, deshecha en su llanto, no tuvo más remedio que regresar al lago que un día la vio nacer. Pero el príncipe, que en el fondo amaba a su mujer, se arrepintió de su desliz, y llamó desesperadamente a la ondina desde la orilla del manantial. Al oír aquellas ardientes súplicas, la ondina, siempre con el permiso de la reina, surgió de entre las apacibles aguas del lago y le advirtió al príncipe que a partir de aquel instante ella iba a representar un riesgo mortal para él. El príncipe, enamorado como nunca, puesto que el roce del agua embellecía aún más a la ondina, juró que no quería separarse de ella y que iría allá donde fuese. Fue entonces cuando ésta lo atrajo hacia sí, y el príncipe, al penetrar en las profundas aguas del lago, se ahogó en ellas, desapareciendo con la ondina Prathé bajo las húmedas fauces de un feroz remolino. |
|||||||||||

