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La fugitiva. Escena VIII. Se giró sobre sus talones en un movimiento brusco, volviendo la cabeza para ver, mientras corría, si sus perseguidores seguían buscándola. Las sombras proyectadas en el muro se lo confirmaron, y a pesar de su cansancio se obligó a seguir corriendo lo que daban de sí sus jóvenes piernas... si la atrapaban todo se habría acabado para ella. Se sujetó el vientre con una mano al sentir una punzada de dolor, pero éste espoleó su rabia y su deseperación y siguió corriendo: No sería suyo. No tras las palizas, ni tras el trato denigrante al que había sido sometida, siendo poco más que una mercancía interactiva a la que nada le permitían la interactuación. Gruñó, apretando los dientes, y la mano que apretaba contra su vientre se cerró en un puño. Un brillo metálico en un rincón oscuro llamó su atención, y frenó suavemente para verlo mejor. Asió la barra metálica entre sus pequeñas manos y se apoyó en la esquina que acaba de doblar, asentando bien sus pies, preparada para el golpe que eliminaría al menos al primero. El sudor perlaba su frente y se deslizaba por su cara tiznada, dibujando arabescos fruto de la tensión. El golpeteo de las botas en el callejón la alertó: Ahí venía el primero. Apenas tuvo tiempo de ver la expresión de sorpresa en el rostro del que golpeó, puesto que el hierro le imprimió su propia expresión sobre la boca abierta, perpleja. Soltando la barra, ella echó a correr de nuevo, ocultándose en un portal sucio que se abría unos metros a su derecha, subiendo a trompicones las escaleras, casi sin creerse la sangre que la salpicaba la ropa y las manos. Se detuvo en el ático, y se asomó por una de las ventanas que daban a la calle, esperando ver a los compañeros del caído encontrarle. Pero mientras le quedase un aliento de vida no dejaría que ellos le arrebatasen el fruto de su odio, que ahora se había transformado para ella en lo único que podía amar: Su hijo. Por eso, cuando se miró de nuevo las manos ensangrentadas no sintió la culpa que tal vez hubiese tenido que sentir. No había sido lo más correcto, pero ¿qué salida dejan a la desesperación? NO BUSQUES LA SOLUCIÓN, BUSCA UNA SOLUCIóN. Cualquiera vale en un momento como ése. Y sabiéndolo, acarició dulcemente su vientre abultado y serenamente, sonrió . Frase escrita en el foro por Hagakure. Escamas y plumas - EscenaVII Los leños crepitaba en la chimenea, reflejándose el ámbar del fuego en los tapices que recubrían las frías paredes de piedra de la estancia. El joven corazón de Runai refulgía con ardor propio, inundando sus ojos con la fogosidad de la juventud: Esperaba, impaciente, a que su anciano instructor pronunciase sus últimas palabras, y pudiese partir, por fin, en búsqueda de ese futuro épico que le habían augurado en el momento de su nacimiento; paladeando las imágenes de gloria y riqueza formadas durante años de sueños en su mente inquieta. El roce de la tela de las vestiduras del anciano le trajo de vuelta al mundo real. Esperando la despedida, aferró inconscientemente con nerviosismo la empuñadura de su espada, tenso y triste a la vez. - Sabes que soy poco pródigo en palabras, Runai. No te desearé buena suerte, ni te aplaudiré la valentía: Te daré un mejor regalo que la mayoría de aduladores que encontrarás por el camino. Te daré una lección de vida, muchacho.- Runai frunció el ceño, dispuesto a recibir otra de las frecuentes reprimendas del anciano. Lo que oyó se grabó a fuego en su corazón pese a su reticencia inicial: - "EL MEJOR GUERRERO NO ES COMO EL INVICTO DRAGÓN, SINO COMO EL PERSEVERANTE FÉNIX; PUES CUANDO EL DRAGÓN CAE NUNCA VUELVE A LEVANTARSE; PERO EL FÉNIX AL CAER VUELVE PARA LOGRAR SU OBJETIVO..." Ahora ve y levanta el vuelo, chico. Déjales ver de lo que eres capaz. Frase enviada por Queltar. |
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