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Hace cien años, cuando concluía la centuria anterior, un médico vienés, Sigmund Freud crea el psicoanálisis como respuesta a los interrogantes que le planteaban sus pacientes histéricas a las que supo escuchar. En los orígenes del psicoanálisis están instaladas la escucha y la palabra, nace como diálogo y continúa siéndolo cien años después, en una época en que nadie escucha y priva el monólogo. El relato de la historia de una paciente (Anna O), que le hiciera BREUER a su joven colega FREUD, despertó en éste el vivísimo interés por los procesos anímicos, que lo llevaron gracias a su genio, a la creación del psicoanálisis. La observación de ese caso, destaca que la paciente que padecía de diversos síntomas somáticos, periódicamente entraba en trance autohipnótico y reviviendo acontecimientos olvidados con todas las emociones concomitantes, despertaba y al hacerlo los síntomas habían desaparecido. Inició así una búsqueda que no concluyó hasta su muerte y escuchando a sus pacientes (¡cuanto necesitaríamos hoy de esa virtud de escucha!) tiene una primera intuición fundamental, los Síntomas Histéricos tienen un sentido, significan algo, hay en ellos un discurso aprisionado privado de expresión verbal. Lejos de ser meras manifestaciones aberrantes, son parte importante de la vida psíquica de los pacientes, ligada a acontecimientos vividos, que el sujeto no podía recordar y cuya revivencia, determinaba su desaparición. Los síntomas tienen entonces un significado, que al médico le tocaba develar, aunque solo creando las condiciones propicias , dado que la respuesta estaba dentro del paciente, aunque era INCONCIENTE y por ende, éste no era capaz de hallarla solo. Por eso el psicoanálisis, que iba a nacer de esas primeras observaciones que denotaban el genio de Freud, fue desde el comienzo diálogo, encuentro interpersonal y su efecto terapéutico estuvo ligado desde el comienzo a un develamiento de algo que estaba dentro del paciente y que el analista debía ayudar a poner de manifiesto. Descubre la libre asociación y su contrapartida en el analista, la atención flotante, el significado de los sueños, la Transferencia, fenómeno que llevaba al sujeto a revivir en relación con su analista los acontecimientos pretéritos, ubicando por desplazamiento en él, la representación de las figuras significativas de su vida infantil y la idea de un proceso terapéutico, en el cual las fantasías y acontecimientos reprimidos del paciente van alcanzando expresión verbal. Su creatividad se despliega, y a partir de esa primera intuición, la teoría creada para dar razón de los síntomas se hace extensiva a los sueños y a la totalidad de la vida psíquica personal. El sueño también es parte importantísima de la vida del sujeto, es el punto en que se va a expresar, no solo su conflictiva, sino su capacidad creativa, para simbolizarla y para hallarse a sí mismo. Es ese espacio onírico, lugar de la satisfacción alucinatoria de los deseos, expresión de los temores y lugar de un primer intento de simbolización. No es original al decir que los sueños tenían un sentido, desde ya, pero es el primero que logra estructurar una teoría coherente, que permitió una utilización práctica de sus hallazgos en beneficio del tratamiento de los pacientes neuróticos y piedra angular en la búsqueda de SU verdad. |
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