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TODD SOLONDZReconocer nuestra crueldad nos hace humanos.Este es el director con aspecto de freak más mordaz e irónico de la actualidad con personajes repugnantes en comedias tristes rozando la crueldad que logro la fama en el festival de Sundance. TODD SOLONDZ DIXIT- Ciertamente, mis filmes son comedias, pero muy tristes y dolorosas. Hay espectadores que se limitan a reír y reír, como si todo fuese un chiste, pero para mí se trata de algo serio, con gravedad moral. A veces pienso que mis películas no son para todo el mundo. En especial, no son para esa gente a la que tanto le gustan. - Todos tenemos un lado positivo, amable, y otro cruel, aunque a mucha gente le resulta difícil admitir esa parte oscura y prefiere pensar que la perdió al dejar la escula. Pero sólo reconociendo nuestra crueldad nos hacemos humanos por completo. - Me temo que le decepcionaré, pero no sufrí abuso sexual, atrocidades ni nada parecido. Quizá estoy tan reprimido que ni me acuerdo, (bromea). - Sobre las comparaciones con Woody Allen: Si me pareciese a Tom Cruise, seguro que no decían nada de eso. Es una analogía superficial. Woody Allen es un maestro del cine y le encanta hacer películas. Yo no soy ningún maestro y, si encontrase un modo mejor de ganarme la vida, cambiaría de oficio. - ¿Por que "Happiness de titulillo? Nunca pretendí que el título fuera irónico. Sólo quería distinguir entre la verdadera felicidad y eso con lo que generalmente la confundimos. No somos realmente felices porque nos compremos algo o nos acostemos con alguien. Eso, en el mejor de los casos, funciona como paliativo temporal, pero después todo vuelve a ser como era. De tanto que los usaron para casi cualquier cosa y con los peores propósitos, ni siquiera queda la noción de ‘valores familiares’. Por eso la felicidad se vuelve tan difícil de definir. Digamos que me gustaría poder hablar de la felicidad como una actitud permanente y tolerante hacia otras personas. Por eso es que Happiness aspira a mostrar esas capas en nuestras vidas que no siempre estamos dispuestos a ver. Quise mostrar esas personas que no sólo las ven sino que viven en ellas. Mostrar que puede haber personas con las que simpatizamos que pueden cometer atrocidades y sentirse felices mientras las cometen. Aunque después vuelvan a ser infelices". ERASE UNA VEZ....Hace mucho mucho tiempo a Woody Allen le prohíbieron poner un sketch sobre abuso infantil en el principio de "Hannah y sus hermanas". Parado en medio de un estudio de televisión, media hora antes de que empiece su programa, Allen pidio explicaciones. “El abuso infantil es un tema delicado”, le dicen. Él contesta: “Lean los diarios, medio país lo practica”. Pero además es acusado de “dar nombres”. Su defensa: “Mentira, sólo decimos El Papa”. El sketch nunca se ve y Allen se va cabreadisimo por el pasillo murmurando que, mandará “el sketch gay de Reagan con el Cardenal”. Hannah es una película que tiene en su centro a tres hermanas y a los hombres que orbitan a su alrededor, todos infelices declarados a la caza de alguna forma de felicidad. El gag está puesto en uno de los bordes de la película y pasa casi inadvertido. Doce años después, parado en medio de un pasillo de October Films y con el Premio de la Crítica de Cannes 98 en el bolsillo, Todd Solondz escucha por qué un funcionario de Universal Pictures se niega a estrenar Happiness, una película sobre tres hermanas y los hombres que orbitan a su alrededor, todos abiertamente infelices y resignados a no encontrar algo aunque sea parecido a la felicidad. "Da náuseas. No necesitaba ver una película sobre abuso infantil. Y no creo que nadie necesite verla”, escucha Solondz. Doce meses después, se estrena Happiness. Cuando se estrenó Hannah y sus hermanas, Solondz ya había egresado como talento precoz de la carrera de cine en la New York University. Había dirigido tres cortos (Feelings, Babysitter y Schatt’s Last Shot) y había rechazado dos suculentos contratos por tres películas que le ofrecían la 20th Century Fox y la Columbia. Había estado a punto de debutar como stand-up comedian, pero el día del estreno pasó lo siguiente: “Tenía todo listo: el guión, los chistes, la ropa; todo menos confianza. Cuando hablé con mi madre y le dije que iba a debutar esa noche, ella me contestó: Es mi obligación decirte que no sos tan gracioso. Por supuesto, nunca subí al escenario”. En el 86, dirigió un corto memorable en TV para Saturday Night Live.
Consiguió 800 mil dólares y en 1995 volvió del ostracismo con "Welcome To The Dollhouse" (en España Bienvenidos a la casa de las muñecas y cuyo título original era Faggots and retards: "Putos y retrasados"). El film es una descarnada mirada sobre el mundo preadolescente de una chica de once años, la "fea" y "rara" del colegio (Heather Matarazzo), quien es también la menos favorecida a la hora de los cuidados maternos, volcados mayoritariamente hacia su hermana menor. La niña solo lo pasa bien cuando piensa en un amigo de su hermano, de quien está enamorada. Pero quien se fija en ella es el chico más "pesado" de la escuela. El cuadro se complica cuando desaparece la pequeña por una distracción (quizás deliberada) de su hermana mayor. Ganadora del Gran Premio del Festival de Sundance en 1996. Gran película, grandes críticas, grandes recaudaciones y ya nadie se acordaba de sus pretensiones a lo Woody Allen. "Después de Dollhouse, estaban todos muy interesados en trabajar conmigo. Pero yo sabía que sólo necesitaba mostrarles el guión de Happiness para que el teléfono dejara de sonar." El guión de Happiness tenía por lo menos seis historias tan buenas como la de "Welcome To The Dollhouse" y por lo menos una mucho mejor. Tanto, que parecía ser un problema. Pero cuando Solondz mostró el guión, October Films, una filial de Universal, hizo sus cuentas y, sin decir nada, la financió. Incluso aceptaron sin insistir demasiado que Patricia Arquette se bajara de la película y que John Goodman, Gary Sinise y Harrison Ford desecharan sucesivamente el papel que terminó aceptando el desconocido Dylan Baker. Cuestiones de imagen: para las estrellas, implicaba un riesgo excesivo hacer de pedofílicos; Baker, en cambio, tenía mucho más resto para subir que para bajar. Happiness era una historia sobre personas a las que les queda mucho por subir y muy para caer. Happiness es, como puede suponerse, una película sobre la infelicidad. Joy (Jane Adams) es una de esas personas que hacen de la gentileza una patología, que le canta una canción al tipo que dos horas más tarde le robará la guitarra. Trish (Cynthia Stevenson) es una idiota "que lo tiene todo": casa, coche, chicos, colegio privado y marido psiquiatra. Helen (Lara Flynn Boyle) es la única que hizo algo de su vida: consiguió ubicarse en el mapa literario como una poeta atormentada por las violaciones, que se niega a dejar Nueva Jersey para poder vivir en un "permanente estado de ironía". El padre de las chicas (Ben Gazzara) abandona a la madre (Louise Lasser) después de cuarenta años de matrimonio. Un vecino de Helen obsesionado por las guarradas telefónicas. Una vecina obesa que descuartiza al portero que quiso violarla. El padre de las chicas y flamante divorciado se descubre sin ganas de quemar los últimos cartuchos sexuales en Florida (único momento que la película deja Nueva Jersey para ocuparse del geriátrico de lujo en que se convirtió Miami). Y los dos últimos escalones del infierno familiar: el hijo de Trish (variante más angelical y más oscura de la Dawn Wiener de Welcome To The Dollhouse), desesperado por acabar como el resto de sus compañeros del colegio acude a su padre. Y éste, padre de familia, marido de Trish –"la que lo tiene todo"– y psiquiatra montado en un crescendo sexual que estalla en medio de la película, cuando se calienta hasta violar a dos amigos de su hijo. Pero la que dio náuseas en Universal, la que llevó a October Films a devolverle la película a Solondz y que se las arreglara como pudiera, fue el diálogo entre padre e hijo: A Billy en el colegio todos le dicen que papá violó a dos de sus compañeros. Entonces, en el salón de la casa, le pregunta a su padre absolutamente todo lo que uno siempre quiso saber sobre un pedofílico y nunca pudo preguntar. Por esa escena, Solondz se quedó sin distribuidora, estrenó la película en los pocos cines independientes que se atrevieron a hacerlo y tuvo que salir a dar explicaciones por un guión que escribió a partir de historias reales, tomadas de los diarios y grabadas de la TV: "No me interesa la pedofilia en sí. La película no es sobre una perversión, sino sobre personas que intentan conectarse. En esa escena, el padre confiesa ser un depredador, pero, como todos los depredadores, quiere a su hijo. Espero que cuando la vean, no piensen que están viendo monstruos". Son personas reales que lidian con la soledad, el aislamiento y la alienación como todos nosotros, y que a veces atraviesan situaciones hilarantes. Por eso hice la película: porque lo que me conmueve muchas veces me da risa, y viceversa. Por otro lado, no usé nada que no apareciera todos los días en los medios: las celebridades cuentan cómo fueron abusadas, los talk-shows y los documentales discuten sobre los problemas de los chicos que matan o que son violados. Yo sólo recorté, grabé y armé un show deslumbrante. No creo que haya que andar repitiendo Violar está mal, como si eso estuviera en discusión. Lo interesante es explorar las mentes que cometen esos crímenes y entender cómo sufren exactamente". Esta peli ganó por votación unánime el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes de 1998 y al igual que en antaño John Waters supo conseguir las mejores escenas con mierda de la historia del cine, Solondz puede jactarse de las dos mejores escenas del cine con semen y "Happiness" fue emada desde "Blue Velvet" de Lynch, a la inteligencia estática de Hal Hartley, a la provocación amanerada de Crash y cruda de Kids, al cine independiente de Don Roos (Lo opuesto del sexo) o Todd Haynes (Velvet Goldmine).
Cuando éste la deja, curiosamente porque ha notado que ella ha dejado de ser grosera con él, se lía con su profesor de literatura afroamericano que la obliga a llamarle "negro" durante un acto sexual muy parecido a una violación, el tio es metro y medio más alto que ella y con cien kilos más de peso. La otra historia es la de un chico que, presionado por su familia, se ve abocado a hacer la selectividad y seguir los pasos de su padre, un pijo de Princeton al que no le importa lo que el chico sienta o piense. FILMOGRAFIA Y FOTOSFEAR, ANXIETY & DEPRESSION (1989) BIENVENIDOS A LA CASA DE LAS MUÑECAS (1995) HAPPINESS (1998) STORYTELLING (2001) |
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