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KEN LOACHAntes de que el Dogma se propagase como una mala pólvora liberadora en los modos de rodar de todo el mundo, un tímido director inglés de gruesas gafas, veterano de la RAF y fogueado en teatros universitarios de Oxford, volvía locos a los cámaras y encargados de sonido haciendo que persiguiesen sin aliento a unos actores que estaban viviendo momentos "de verdad" con sus personajes. Ken Loach, busca los trozos de realidad puros que se le escapan de las manos a las ficciones. Y los usa para poner en entredicho las estructuras de poder desde una óptica siempre militante. Cineasta comprometido, de mirada ácida. Todas sus películas se convierten en espejos de la realidad más sórdida, cruzadas contra la hipocresía de los gobiernos -de derechas y de pretendidas izquierdas- y defensa infatigable de sus héroes favoritos: los perdedores. Él mismo declara: "Siempre estaré a favor de los reprimidos". Su intención: "Despertar emociones en el espectador y provocar reacciones en la mente del público". Loach utiliza el arte para retratar y denunciar la explotación y las denigrantes condiciones de vida de la clase trabajadora. Un ataque a los fantasmas del pasado y a la indiferencia del presente, para prevenir que la historia se repita en un futuro próximo. Para los neorrealistas el fantasma era el fascismo de Mussolini, para Loach -en sus películas de los años 90-, el Thatcherismo, Loach ha plasmado como nadie aspectos de la sociedad británica que de otro modo permanecerían ocultos, como demuestran algunas de sus pelis más famosas: los obreros de "Riff Raff", en "Lloviendo piedras" es la pobreza. En "Ladybird Ladybird" la asistencia social, en "Agenda oculta" el sangriento conflicto de Irlanda del Norte. Incluso decidió ir más allá para perseguir injusticias. Fue él quien buceó en los conflictos de la Guerra Civil española en "Tierra y libertad" y en la revolución de Nicaragua en "La canción de Carla", todo un curriculum de denuncia social. Al lado de aventuras triviales y cotidianas (de amor, amistad, trabajo, convivencia y aprendizaje)veremos una opinión sobre el mundo del trabajo y del gobierno; un aviso del reparto del poder; una denuncia de la administración, tan estricta, que ejerce la autoridad y un recuerdo del lugar que ocupan las clases más desfavorecidas en un estado del bienestar que las explota y las excluye. Kenneth Loach nació el 17 de junio de 1936, en Nuneaton, Warwickshire, Inglaterra. Su infancia transcurrió de punta a punta del país a causa de la guerra. A los 25 años ya había completado dos años de servicio militar en las Fuerzas Aéreas, mientras estudiaba Derecho en el St. Peter's Hall, en Oxford. En la Universidad entró por primera vez en contacto con las artes escénicas, actuando en el grupo de teatro y, al graduarse, trabajando como asistente de director en el Northampton Repertory Theatre. Pero Loach estaba más fascinado por la imagen que por las tablas de Shakespeare. Su primera experiencia en el mundo audiovisual es en 1963, cuando obtiene una beca como director de programas en la cadena de televisión BBC. El ambiente liberal que se respira durante aquellos años favorece la realización de programas que se ocupan de los aspectos más oscuros de la sociedad británica. Este período empieza a ser crucial para la carrera de Loach. Entre 1965 y 1971, Loach lleva una actividad frenética, dirige nueve documentales en la serie "Wednesday Play", encontrando la visión y la voz que caracteriza su cine. "Up The Junction" (1965), la historia de tres jóvenes obreras, las tres dotadas de un aliento vital y conmovedor, a pesar de la dureza de su entorno, atrajo por primera vez la atención sobre él. Este éxito marcó la colaboración con el productor Tony Garnett, con el cual definiría un estilo de docudrama rompedor para su época. El más famoso es "Cathy come home" (1966), un docudrama sobre los sintecho que causa un gran impacto en la sociedad y que obliga a revisar las leyes sobre la población más pobre de Gran Bretaña. Es su primera oportunidad de rodar en escenarios naturales y de hablar de la gente de la calle en quienes el espectador ve reflejados sus problemas. Loach crea su peculiar naturalismo en la puesta en escena, un Cinéma Vérité, que se ha convertido en una constante en su carrera. Es durante esta época cuando Loach filma su primer largometraje, "Poor cow" (1967), aunque él lo considera "una muestra de su inmadurez cinematográfica". Dos años después, Loach y Garnett deciden crear su propia productora, Krestel Productions, en busca de una mayor libertad para financiar películas de bajo presupuesto pero de alto contenido. Su primer estreno es "Kes" (1969), toda una manifestación de intenciones, pero el destino es incontrolable. En 1971, un accidente de coche acaba con la vida de su suegra y su hijo de cinco años y hiere gravemente a Loach y a su esposa. Después de la tragedia, Loach decide retirarse momentáneamente del cine, trabajando sólo esporádicamente, hasta que en 1975 reaparece con "Days of hope", una serie de televisión sobre el movimiento Laborista Británico entre 1916 y 1926. Loach es criticado por su partidismo, etiqueta que le acompaña aún en nuestros días por su compromiso ideológico presente en todas sus producciones, pero que al mismo tiempo le ha hecho único. Con Margaret Thatcher en el poder crece el paro y los recortes en las artes(cosa habitual en las derechas). La Dama de Hierro se gana muchos enemigos entre la comunidad de artistas. Loach es uno de los más radicales. Combate el thatcherismo con una serie de documentales: "A question of leadership", que le convierten en el director más vetado de su país durante la década de los ochenta. Incuso hoy, aún se prohíbe exhibir esta serie. Entre 1983 y 1990, Loach tiene muchos problemas para encontrar financiación para sus proyectos. Aunque en 1986 consigue dirigir "Fatherland", el propio Loach recuerda este período "Caminando arriba y abajo Wardour Street, proyecto en mano, buscando desesperadamente financiación". La suerte de Ken Loach cambia radicalmente con la llegada de los años noventa. Desde 1990, Loach ha realizado seis películas de éxito, todas con su sello, el denominado "mal social" ("social evil"), tal como él mismo lo define. En 1990, el thriller político "Agenda oculta" gana el premio del Jurado en el Festival de Cannes, metiéndose a los críticos en el bolsillo. Loach demuestra que su discurso heredero del Free Cinema va mucho más allá de la mera crítica al sistema. Sus siguientes películas: "Riff-Raff" (1991), "Lloviendo piedras" (1993), "Ladybird, Ladybird" (1994), "Tierra y Libertad" (1995), primero, y luego "La canción de Carla" (1996), conocieron, no obstante, una acogida más tibia. En ambos títulos reencontrábamos el pulso vibrante de su veterano autor y su inigualable habilidad para robar la vida de sus actores, tanto como la de su entorno. Pero el ritmo decaía en la medida en que aumentaba la ambición de sus propuestas: "La canción de Carla", por ejemplo, decaia mucho en la segunda mitad y "Mi nombre es Joe" (1998) recuperó su equilibrio y fué su consagración en el séptimo arte, por parte de críticos y público, después de 35 años dedicados al cine. En el siglo XXI nos presestó su primera producción realizada en la meca del cine, Los Ángeles. En "Pan y rosas" (2000), Loach disecciona la problemática de la inmigración. Sin duda, un cineasta comprometido con su tiempo. Lo más llamativo en la obra de Ken Loach es el conmovedor realismo de su estilo. En todas sus películas, las imágenes parecen robadas. Es ese tipo de cine en el vemos a gente cercana, gente vecina, lidiando con sus problemas diarios. Contemplar el mundo desde esta perspectiva es una experiencia extremadamente dura y sin duda inolvidable, por lo que tiene de reveladora. Y este, exactamente, es el propósito más íntimo de Ken Loach: revelar. O rebelarse, si jugamos con las palabras. Primero revelar, como manifestar una verdad secreta u oculta, aunque esta verdad la tengamos ante las narices y la encubramos por vergüenza o por pereza, o por una sencilla ignorancia. Y luego rebelarse, oponiendo resistencia a la obediencia debida, al sistema establecido, que nos invita a encubrir o a ignorar esa verdad. Tiene una forma de trabajar muy poco común. Él vuelve del revés los planteamientos de organización, rodaje y post-producción más convencionales, en los que suelen ser la lógica del ahorro (economía de tiempo y dinero) la que define la forma de trabajar. Para Loach, todos los medios de producción y todos los medios técnicos han de ponerse al servicio de los actores. Veámoslo: -Todo comienza con un guión muy detallado y cuando la financiación ya está asegurada. -Durante el cásting, Ken no da a los concursantes un texto para que lo lean ni les pide referencias. Habla con ellos. Luego les describe una ficción dramática y les pide que la representen, que improvisen. Así observa los argumentos de los actores, sus compromisos y hasta dónde están dispuestos a llegar en la defensa de sus valores. -Para sus repartos, este director reúne tanto a intérpretes con experiencia como a no-profesionales. Y no suele trabajar más de una vez con el mismo actor ni con actores famosos (Robert Carlyle, que estuvo en "Riff Raff" y en "La Canción de Carla", es una excepción a ambas normas). -Los actores suelen ser personas que han pasado realmente por las experiencias de sus personajes, puesto que no deben actuar, sino vivir y expresar sus sentimientos ante la cámara. -Estos actores jamás verán el guión de su película, ni siquiera un borrador. No saben ni tienen que saber nada de lo que les depara la historia. Como mucho, pueden tener una noción del personaje que interpretan o del ambiente en que habitan, y punto. -La película se rueda en orden cronológico (algo muy poco habitual). Esto quiere decir que las secuencias se van filmando en el orden de la historia, cuando lo común (y lo más práctico) es rodar la película en desorden, siguiendo criterios de producción. -No hay ensayos. Ken describe la situación y rueda desde la primera toma (a lo sumo, organiza alguna secuencia con los actores, pero no para planificar un sentido, sino para crear un clima que les permita expresarse con una mayor convicción). -Por supuesto, al no haber ensayos, el director de fotografía y los técnicos de sonido deben estar preparados para cualquier imprevisto. A Ken no le obsesiona la luz ni la claridad del sonido, sólo la sensación de espontaneidad, que es irrepetible. -¿Y los intérpretes? Ken sólo les cuenta las acciones que deben vivir frente a la cámara unos minutos antes de que comience a rodar. Les plantea la situación del momento y les pide, por ejemplo, que hagan algunas acciones, pero les brinda total libertad para que hagan sus movimientos según su propio criterio. -A veces usa dos cámaras, para no perderse nada. -Cuando Ken grita "¡acción!" todo su equipo, técnico y artístico, está detrás de la cámara. En el decorado no debe quedar nadie, salvo los actores, para que se sientan relajados. -Trabajar así, tan cerca de la improvisación, es trabajar con un material muy frágil, pues puede ocurrir cualquier cosa. La repetición de las tomas, aunque siempre es distinta, va dando cuerpo a las escenas y las va empujando hacia la dirección que el director esperaba. Pero incorporan cosas nuevas. -Todo el material de película se positiva y se revela, lo cual resulta carísimo. Lo habitual es revelar las escenas que se dan por buenas, ninguna más. Pero Loach quiere sacar de cada toma la espontaneidad que ha capturado. ...Y ésto es algo que, por lo menos, consigue en cada ocasión. “Uno tiene que hacer lo que le parece, y si uno tiene una idea debería luchar por ella”. Entrevista con Ken Loach. |
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