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La gran evasión Pasadas las dos y media de la madrugada -y a la espera de que hoy se firme el acta de recepción por parte de la Armada- quedó instalada en la Patio de Poniente de Herrerías la estatua de Franco. El recorrido por las calles Rochel y Españoleto hasta la avenida de Esteiro, desde donde entró por la puerta de Izar, fue seguido también por multitud de ferrolanos que no quisieron perderse el acontecimiento. Un pequeño contratiempo con un cable en la calle Españoleto y la retirada de un vehículo por parte de la grúa fueron los únicos incidentes. Turistas y ferrolanos se unieron ayer en una jornada que llenó la noche ferrolana de animación. Cámaras fotográficas en ristre, grupos de amigos quisieron inmortalizar el proceso de traslado de la estatua, brindaron con champán, bailaron al ritmo de las gaitas y aplaudieron a rabiar en varios momentos. No faltaron, sin embargo, los críticos. Carlos Perille, que encabezó domingo tras domingo manifestaciones en las que se pedía el mantenimiento del monumento en la plaza de España prefirió “ver los toros desde la barrera” en una terraza de una cafetería próxima. Otros partidarios de la continuidad de la estatua siguieron el proceso de cerca. Y hubo algún altercado verbal, como el registrado entre una señora y un joven que se produjo, más o menos, en estos términos: - “É o fin da opresión” - “Tú eres un ignorante, no sabes historia. Ya llegarás a viejo”. - “Sí, pero non a ser nazi”. - “No soy nazi, qué tiene que ver”. - “Non será nazi, pero é franquista, que é o mesmo”. - “Franco es historia, te guste o no te guste”. El viaje de ida De todo había. Desde los que opinaban que “el caballo” debería haber ido a parar “al fondo del mar, matarile” hasta quienes consideraban “una aberración y una cabronada” que lo hayan sacado de la plaza de España. “Este alcalde no sirve para nada, lo que está haciendo es algo totalmente político y el aparcamiento sólo lo hacen para quitar a Franco”, señalaba una ferrolana. Aun así, la noche fue sobre todo festiva. Fuegos artificiales, cánticos, bailes y, sobre todo, mucha emoción fueron las notas predominantes. La expectación, pensando en si todo saldría bien, era evidente tanto entre el público como entre los responsables políticos y de la empresa Dragados. Hasta el popular Pachara siguió de cerca toda la maniobra, sin perder de vista su escoba. La operación culminó con éxito y la estatua está ya en Herrerías. |
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