|
Poblado
Areas
Sumario
Compras |
Akai Hane no Musha La leyenda cuenta que hace trescientos años en un pequeño pueblo de Japón una familia de nobles que asentaban en un claro del Bosque Hiragai, ansiaban tener un hijo. Yumiko, esposa del noble Takeshi Ukira le era dificil darle un hijo. Acudieron a una hechicera que se encontraba en lo más profundo y tenebroso del bosque donde nadie se atrevía a aventurarse. La hechicera Ramai Les dió unas infusiones y pronunció unas palabras de mágia tocando la frente de Yumiko. Esta tenía mucho miedo, pues la hechicera tenía un aspecto zarraspastroso, con sus ropas raidas y arapos. Se encorvaba apoyándose en su bastón de madera de roble. Ramai le aconsejó que durante los siguientes dos días se tomara esas infusiones, saliera al pátio trasero de su casa y diera cuatro vueltas al pozo. La luna le daría toda su energía para que pudiera concevir un hijo. Yumiko durante esas dos noches hizo lo que la hechicera le había ordenado. Takesi, nervioso, veía a su mujer dar vueltas al pozo con su kimono blanco y sus cabellos ,negros como el azbache. A la tercera noche, después de que hubieran cenado a la tibia luz de las velas, yumiko lo había preparado cuidadosamente. Despues de la cena, Yumiko con una ligera pero discreta prenda se presentó en el dormitorio, llevando en la mano una pequeña vela. La belleza de su rostro se iluminaba, parecía una muñeca de porcelana. Esa noche con muchísima pasión los dos amantes fundieron sus cuerpos con la esperanza de que Dios les diera un hijo. Nueve meses después, Yumiko sabía que había llegado la hora. Un fuerte dolor la invadía su bajo vientre, el sudor empezó a cubrir su frente como pequeñas gotas de rocio en el alba, no tenía fuerzas para levantarse por si misma, solo le quedaba gritar de dolor para hacerle saber a Takeshi ke su hijo venía en camino. Takeshi la oyó, jadear y gritar su nombre. Suerte que en ese momento de la tarde no estaba en el pueblo, pensó. Corrió tres habitaciones más allá y bajó las escaleras de la primera planta. Desconcertado, encontró a Yumiko medio sentada en el suelo, toda roja de los esfuerzos que estaba haciendo y toda empapada de sudor. No daba tiempo a llamar ni siquiera al vecino más próximo, pensó Takeshi muy nervioso. Tampoco daba tiempo a avisar al médico del pueblo, asi que Takeshi se tendría que convertir provisionalmente en una comadrona y ayudar a su mujer a dar a luz con sus manos. Poco a poco, fue saliendo una pequeña cabecita, los brazos, las piernas. Entre los gritos de su mujer, Takeshi sostenía ya en sus brazos envuelto en una manta blanca, manchada de sangre, a su primogénito, un varón. Takeshi dió gracias a Dios por que ese hijo no hubiera sido una niña...... Pero Yumiko no dejaba de gritar y de empujar. Para su asombro, vió de nuevo otra cabeza asomar. ¡No!. ¡Gemelos!. A pesar de su nerviosismo y pidiendo que este fuera también niño, lo agarró, y salió finalmente. Takeshi cubriendo a sus dos hijos con la manta, solo podía mirarlos y sonreir de felicidad. Enseguida fue hacia Yumiko y se los dió. Pero la cara de Takeshi cambió totalmente y empalideció aún más cuando vió que el segundo, el que estaba cogiendo yumiko con la mano derecha, era niña. Una niña. Yumiko a pesar del cansancio, vió la cara de descomposición que se le había quedado a Takeshi. No te preocupes. Le dijo con dulzura y con voz tenue. A ella no le pasará. Pero a Takeshi esas palabras no le tranquilizaron. Pasados dieciseis años y Kagari y Soushi son dos adolescentes de buena familia que nunca les había faltado de nada. Pero había un fuerte distanciamiento entre ellos. De muy pequeños solo procuraban hacerse daño uno al otro. No soportaban ser gemelos. Soushi no soportaba ver su cara en la fememinidad de su hermana. Kagari, primero dejaba que Soushi tomara la iniciativa. Ella de noche tomaba su venganza. Cuando las sombras cubrían todo, pegaba sustos de muerte a su hermano. Takeshi no había sabido en estos años como hacer para que los dos hermanos se quisieran y se llevaran bien. Por mas que él y Yumiko los castigaban o regañasen, ellos seguian igual, día tras otro. Un año después, Kagari empezó a tener visiones extrañas, tanto de noche como de día. Sangre , mucha sangre. Una muchacha, pegada a la pared, con dos clavos que sugetaban sus manos. Su espeso pelo negro cubriendole la cara, con pequieñas láminas de sangre callendola desde la frente. Gritaba, gritaba, gritaba. Alaridos de agonía. Kagari, tenía temblores, fiebres, aucinaciones. ya no solo la chica, sino mucha gente, gente que estaba muerta. De todas las edades. Pensaba que se estaba volviendo loca. Takeshi, con su mujer en la habitación conyugal, le hablo seriamente. Se lo dijo cuando nacieron sus hijos, que le iba a pasar a Kagari lo mismo que le pasó a su hermana, que era hereditario en su familia. Desde cuatro generaciones atrás han tenido que sacrificar a todas las mujeres que nacieron con alucinaciones. Son brujas, le dijo Takeshi llorando echándose en brazos de Yumiko. Yumiko le trató de tranquilizar. Que todas las mujeres que habían padecido alucinaciones en su familia no eran brujas por poseer esa maldición, sino que era un don que se traspasaba genéticamente. Pero que a unas se le desarrollaba y a otras no. Pero Kagari empeoraba con el paso de los días. Su mirada se había vuelto tenebrosa. Daba miedo mirarla, tenía ira en sus ojos. Se fue distanciando ella sola. Su familia, aislados de lo quie hacía o pensaba Kagari, solo la veían vagando por la casa como un alma en pena, con tan solo un vestido blanco hasta los talones. Ninguno se atrevía a acercarse a ella, por miedo a ser atacados. DEBEREIS CONTINUAR APARTIR DE AKI.......... ______________________________________________________ Los días pasaban, uno tras otro, y Kagari no cesaba de tener las horrendas visiones de gente muerta y torturada. Eso, podía soportarlo, pensaba, podía acostumbrarse. Pero lo que más la enfurecía era ser incapaz de entrever el significado de las visiones. Cada día se esforzaba más en pensar una solución a su problema, pero por más vueltas que le daba, era incapaz de sacar nada en claro. ¿Que buscaban los muertos?¿Acaso querían su ayuda, o disfrutaban atormentandola? Incapaz de encontrar la solución a su problema, intento calmar su furia para buscar consejo en sus padres. Sin embargo, estos evitaron sus preguntas, visiblemente turbados, incluso asustados, lo que confundió aún más a Kagari.Por supuesto, no podía contar con la ayuda de su odioso hermano, por lo que se acercó al pueblo, en busca de cualquier pista acerca del porque de su maldición. Pero solo murmullos y miradas suspicaces la aguardaban en las estrechas calles. Los niños corrian a esconderse, los adultos apartaban la vista a su paso y los ancianos hacian el simbolo de proteccion contra los malos espiritus. Cuando creía que iba a estallar de furia, se cruzo con una mendiga ciega, que le pidió unas monedas. Momentaneamente conmovida por el aspecto de la mujer, Kagari le coloco en sus manos su collar de oro y joyas engarzadas, parte de la herencia familiar. -Que los espiritus os bendigan-dijo la mujer-, si alguna vez teneis algún problema, visitad a la hechicera Ramai, que vive en lo mas profundo del bosque, y decidla que os envia Naroko. Sorprendida, Kagari agradecio a la mujer su consejo y volvio rápidamente a casa, con la esperanza de ir esa miosma tarde en busca de la hechicera. Sin embargo, la noche cayo temprano y no se atrevió a aventurarse al bosque bajo la palida luz de la Luna. Aquella noche, soño una vez mas con los muertos. Criaturas torturadas aparecían ante sus ojos, sin cesar. Un niño cuya espina dorsal estaba partida en dos y le había perforado la espalda, dejando al descubierto sus blancos huesos que chorreaban sangre, una anciana sis dientes cuya mandibula habia sido arrancada y colgaba inerte sobre sus arruados pechos, uno de los cuales estaba seccionado, un hombre que era obligado a masticar sus propios testiculos recien cortados, hasta que se ahogaba con la sangre y sus propios vomitos... Febril y extenuada por la agotadora noche de mutilaciones y muerte, salió temprano con la intención de adentrarse en el bosque. Desde la ventana, sus padres la observaban, deseando detenerla, pero incapaces de hacerlo. Kagari camino mucho, tropezando varias veces al enredarse en raices y ramas, hasta que penso que el bosque la iba a apalastar bajo su peso, cuando llego a un pequeño chamizo de madera, casi en ruinas. A pesar de las magulladuras y cortes que se habia hecho en el trayecto, Kagari no pudo evitar correr hacia la choza gritando el nombre de la hechicera, pues esta se había convertido en su última esperanza. Desde luego, la vieja encorvada que tenia ante si, de dientes amarillos, mirada aviesa y vestida con andrajos con podía ser la llave de su salvación. -Perdonadme-dijo Kagari a la vieja, que parecía haber advertido su presencia-, estoy buscando a Ramai, la hechicera. -Entonces estais de suerte-dijo esta con la voz cascada y ronca, como si no la usara nunca-pues la tieneis ante vos. -Tengo un grave problema-balbució Kagari, apenas recuperada de la sorpresa que le produjo la declaración de la anciana-, y esperaba que pudiera ayudarme. Me envía Naroko-añadió, recordando lo que le había dicho la ciega en el pueblo. Por unos momentos, Ramai pareció no haber oido a la joven, pero cuando esta iba a repetir su petición, la hechicera se incorporó. -En ese caso, os mostrare mi verdadera forma-dijo con una voz muy distinta, el sonido mas claro y dulce que Kagari oyera jamás. De pronto, Ramai comenzó a brillar con una luz cegadora, obligando a Kagari a taparse los ojos. Cuando volvió a abrirlos, Kagari se encontraba junto a una hermosa joven de cabellos azul celeste y grandes ojos purpura, vestida con una suave tela plateada casi transparent,, que acentuaba sus curvas. La choza había desaparecido, y los dos jovenes estaban ahora en un gran prado lleno de flores blancas que brillaban bajo la luz de la Luna. -¿Donde estamos y quien sois vos?-pregunto Kagari sin salir de su asombro. -Estamos en el otro lado del abismo-dijo la joven con una sonrisa-y soy Iamar Seleria, el espiritu de la Luna, que vaga entre los hombres ayudando a aquellos que son puros de coranzón como vos, pues lo demostrasteis al apiadaros de la ciega Naroko, espiritu de la bondad -Por favor, mi señora-suplicó Kagari arrodillandose- ayudadme a entender el sentido de mis visiones. -Lo que veis es el futuro, las personas que veis, morirán a vuestras manos muy pronto. Mientras Kagari trataba de asimilar las implicaciones de aquello, Iamar prosiguió. -Habeís de saber que desde hace cinco genereaciones, la linea sanguinea de tu padre ha estado manchada con la sangre de un terrible ser, conocido como Iradis Seleria, el espiritu de la cara oculta de la Luna, mi hermana gemela. Esto se debe a que ella se enamoró de tu ancestro y juntos, concivieron gemelos, niño y niña. Sin embargo, dicha unión esta prohibida por las leyes naturales, y los espiritus condenaron a mi hermana a vivir dentro del cuerpo de la niña, lo que la enfurecio enormemente. Como uno de los poderes de Iradis es la capacidad para ver el futuro, y estaba tan furiosa que desperto un fuerte instinto asesino en su interior, la niña comenzo a tener visiones de todos los seres a los que Iradis se disponía a matar, por lo que su padre decidió sacrificarla antes de que ocurriera una catastrofe, con la esperanza de liberar también el espiritu de su amada. Sin embargo, eso no ocuurió, y una vez muerta la niña, el espiritu paso al cuerpo del niño, aunque allí permaneció aletargado, esperando volver a un cuerpo femenino para poder desatar su venganza, genberación tras generación... Kagari se dio cuenta de que estaba atrapada en un bucle, condenada a una vida horrible desde su nacimiento por algo de lo que no tenía culpa alguna. -¡Por favor, debe de haber algún modo de acabar con esto!-gritó desesperada Kagari. Iamar la miró seriamente, paralizando a la chica. -Hay dos formas de terminar con la maldición-explicó al fin-, una de ellas, es matar a tu hermano, y quitarte la vida, evitando la matanza que vez en tus sueños. La otra forma, es ser asesinada por alguien que te tenga un odio intenso, pues una maldición nacida del amor, solo puede romperse a traves del oscuro odio. De lo contrario, pasaras la maldición a los descendientes de tu familia, una vez mas... Tras decir esto, Iamar alzo la mano y las flores comenzaron a volar, envolviendo a las dos muchachas, hasta que estas desaparecieron. Cuando Kagari abrió los ojos, le dolía mucho la cabeza y estaba tumbada en el mugriento suelo de la choza. A su lado, Ramai la hechicera estaba completamente quieta, mientras una espuma verdosa de olor putrefacto le salia de la boca, la nariz y las orejas. Asustada, Kagari se alejo rápidamente de aquel lugar, en dirección a su casa. Sola en su habitación, recordaba todas las palabras que el espiritu de la Luna le había dicho. Kagari maldecía a los espiritus por la carga que la habían impuesto, a pesar de ser inocente. ¿Por que debía quitarse ella la vida?¿Acaso no tenía derecho a vivir? Cuanto más lo pensaba, más claro lo veía y más furiosa se ponía. Cuando Kagari salío de la habitación en busca la katana familiar, su siniestra risa resonaba en el patio de la casa, pues se divertía pensando en como mataría a aquellos cerdos pueblerinos que se habían mofado de ella. Tonomi caminaba por las calles del pueblo hacia su casa, cuando se encontro frente a frente a la niña de los feudales, que como todo el mundo sabía, estaba maldita. Demasiado tarde para dar la vuelta, pensó, e intento pasar a su lado sin mirarla, no fuera a echarle una maldición. Cual fue su sorpresa, cuando al llegar a la altura de la chica, esta no solo no la maldijo, sino que le corto el antebrazo izquierdo de un solo tajo con la katana que llevaba escondida a la espalda. Sotode estaba en su casa, cenando con su mujer y sus dos hijas, cuando escucharon un terrible alarido de dolor en la calle. El hombre le dijo a su mujer y a sus hijas que se escondieran, y el se asomó a mirar lo que sucedía. En cuanto puso un pie en la calle, se quedo paralizado al ver que una mujer era despedazada por otra que estaba de espaldas con una katana. De pronto, la mujer se giró y Sodote vio que s etrataba de Kagari, la hija de los feudales, aunque apenas si podía reconcerla. La joven se encontraba en ropa interior, y estaba palida como la mismisima Luna, aunque no parecia tener frio. Su cuerpo estaba lleno de sangre, y su pelo llameaba. Pero lo mas terrible eran sus ojos, dos negros pozos vacios de expresión. Sin parar de reir un instante, Kagari se planto ante el hombre antes de que este pudiera mover un dedo, y le secciono la pierna derecha a la altura de la rodilla. En casa de Takeshi, este se despertó subitamente al escuchar unos tremendos gritos. A su lado, su mujer también desperto. Juntos buscaron por la casa a su hija, sin exito. Su hijo también había desaparecido sin dejar rastro. La calle principal del pueblo estaba llena de cadaveres ensangrentados. El silencio habría sido total, de no ser por la estridente risa que surgía de la garganta de Kagari, y los pasos de sus padres, que se acercaban a ella, horrorizados. -¿Hija mia-dijo Yumiko- que a ocurrido? Kagari cesó de reir, y su rostro cambió de uno divertido a otro de terrible sufrimiento, y un alarido capaz de helar la sangre a cualquiera broto de su garganta. Era tan insoportable que los Takeshi y Yumiko se tuvieron que tapar los oidos y se arrodillaron del dolor. Cuando el ruido ceso, Kagari se encontraba ante ellos, de nuevo con expresión divertida, aunnque negras lagrimas caían por sus mejillas cuando les corto la cabaza a ambos. Kagari se debatía entre la desesperacion y la alegria, cuando el sol asomó por el horizonte. Al otro lado de la calle, su hermano Soushi la observaba, vestido con una armadura roja y una lanza. -Por tus crimenes-dijo Soushi con voz calmada- gustoso te quitaré la vida. -¡Te odio!- grito Kagari mientras corría hacia su hermano con la katana por delante. Soushi espero pacientemente, levantando la lanza en el último momento. Sin embargo, su hermana esquivó la embestida con rapidez sobrehumana y le lanzo una estocada, que araño la armadura por el costado. Soushi paro con lka lanza la siguiente estocada y se giro para que el sol deslumbrara a Kagari. Cuando esta entorno sus negros ojos para protejerlos de la luz, Soushi giró veloz y la ensartó de lado a lado, atravesandole las costillas. Kagari se arrodilló, perdiendo las fuerzas. -¡Te odio!-repitió de nuevo. Soushi le arrebató la katana a su hermana, y cercenó su cabeza, que se alejó rebotando y escupiendo negra sangre. Mientras su hermana volvía a ser como antes gradualmente, su sangre cambió de negro a rojo, que asemejaba dorado por la luz del sol. Por un instante, Soushi no pudo evitar sentir lastima de su hermana,y una lagrima comenzo a resbalar lentamente por su mejilla. Pero esta no cayo, pues tras cambia su color transparent, por el del negro alquitrán, dejo de resbalar y se introdujo de nuevo en el ojo del joven, mientras una sonrisa resignada apareció en su rostro... Final de Yanos_Darkspawn, publicado por ser el ganador de la primera convocatoria del concurso Jóvenes Escritores. ¡Enhorabuena! Debo decir también mi sincera enhorabuna a los tres finalistas, podeis recoger buestros premios en el area de ganadores... Quiero decir que a resto de participantes, que muchísimas gracias por participar. y que os podeis presentar a la próxima convocatoria que empieza hoy día 1/1/2006. No os rindais... Saludos. ¿Qué te parece el poblado? Días: 1678 Votos: 53
Subdominio! Ya tenemos subdominio! http://ebdahnm.ya.st puedes entrar al poblado por esta dire corta!. Mi premio Esta es mi placa. La gané hace cinco años en un concurso de canto en Parque Sur(Leganés). No pasé a la final, pero quedé segunda en semifinal. Me dió pena pero no se puede tener todo en esta vida. pero me lo pasé bien, fue una esperiencia bonita. Ya a los diez años también gané el primer premio yunior de dibujos disney aki en getafe, pero me lo fundí, a ver eran entradas gratis para el Parque de atracciones y el Zoo de Madrid. contest. |
||||||||||||||||||||||||||||||||

