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¡Atención! CONSULTE A J.M. Noticia de alcance: El increíble J.M. aparece en el FORO DE FOGONAZOS Podéis dirigirle vuestras preguntas. 27/09/03 La azarosa vida de J.M. (I) 2001. Festival de Benicassim. A J.M. le da un apretón y se dirige a uno de esos baños prefabricados en PVC. Él, como tantos, siempre evacua sin sentarse, es decir, de pie, con las piernas ligeramente separadas y a cholón. Hace calor y J.M. decide ponerse cómodo.Se quita los calzoncillos y se queda en pelota picada. Para no caerse, además, levanta los brazos y apoya las palmas de las manos en cada una de las paredes laterales de la cabina. Y allí tenemos a J.M., desnudito y en aspa, como un obsceno hombre de Vitrubio, cuando una incauta y confiada señorita abre la puerta, sin encontrar la resistencia del pestillo, y se topa con semejante panorama: un tío en bolas, encaramado al PVC con la soltura de una araña. Tal vez, allá donde se encuentre, a la pobre muchacha le siga acechando en sueños la imagen de aquel Spiderman degenerado y defecante, aparecido como un Cristo entre la canícula de Benicassim. 30/09/03 La azarosa vida de J.M. (II) 8º EGB. Nuestra clase participa en un programa de intercambio con familias francesas. A los diez minutos de llegar a Francia, J.M. ya se quiere volver a casa. Su francés, un tal Gregory, es un tipo gigante y autista, igualito que el malo de Rocky III. El tipo está obsesionado con la musculación y le mira como si quisiera aplastarle la cabeza. Al pobre J.M. le meten a dormir en el garaje, la familia ignora su presencia, hasta le punto de que ni siquiera le avisan para cenar. Pero la venganza le espera al francés a la vuelta. Meses después, es Gregory quien viene a España. La familia de J.M. le acoge entusiasmada. Sin rencores. El padre prepara una gran fiesta de bienvenida y como gran colofón, saca una ensaladilla rusa. Cuál no será la sorpresa de J.M. cuando descubre que sobre la ensaladilla, distribuidos con gran esmero, un buen número de pimientos morrones componen, perfectamente legible, la palabra GREGORY. Tu nombre escrito con pimientos morrones. Inolvidable. 02/10/03 La azarosa vida de J.M. (III) A veces se despista. Va a la gasolinera, por ejemplo, y pasa la aspiradora al coche. A los dos o tres días tiene que volver a por las alfombrillas y los ceniceros. Hace unos años, su padre le dejaba el coche para ir a trabajar. Cada tarde cogía el opel Vectra y regresaba a casa. Una tarde cualquiera, J.M. sale del trabajo, coge el coche y se marcha. Ya ha aparcado, cuando su padre le llama al móvil "¿Qué coche te has llevado, hijo mío?" . J.M. mira el coche: Es un Opel Vectra, es un coche gris, pero no es el suyo. Se ha llevado el coche de otro compañero. El propietario está que echa chispas, lleva quince años dejando el coche en la empresa, con las llaves puestas, y nunca ha pasado nada. Hasta hoy. J.M. tiene que regresar, devolver el coche a su dueño y coger el de su padre. El caso es que, por el camino, J.M. se había extrañado: "Qué música tan rara lleva mi padre ahora en el coche..." - se dijo. Pero siguió conduciendo. 26/04/04 Una vida de éxitos La azarosa vida de mi amigo JM sigue siendo una caja de sorpresas. Esta semana, me cuenta, viaja a Zaragoza para dar su tercera conferencia, lo que, en el imaginario de cualquiera, evoca una vida llena de éxitos. El único detalle es que mi amigo JM ofrece conferencias para gente que no le oye. Hasta ahora, JM es el único especialista que conozco en conferencias para sordos, lo que no deja de ser una dura prueba para el ego, si tenemos en cuenta que no tiene ni puñetera idea del lenguaje de los signos, y que las miradas de su público se dirigen, indefectiblemente, hacia el intérprete que traduce sus palabras. JM no se viene abajo fácilmente, es un tipo feliz, capaz de charlar durante dos horas ante un auditorio que solo le ve mover la boca, convencido de que ahora por fin alguien le escucha. A estas horas estará cruzando la meseta en su viejo Opel, con expresión iluminada, como uno de esos viajantes chiflados que cargan con pesados muestrarios de crecepelo. JM se sobrepondrá a su ego, y a los elementos, para hablar ante más de doscientos sordos, en una interesante charla sobre la memoria. Le aplaudirán como aplauden los sordos, un mar de manos en alto, agitadas en silencio. Por un momento, JM pensará que ha ensordecido igualmente, quién sabe, puede que hasta suponga que ha muerto, de tan silencioso y extraño éxito... 04/01/05 La azarosa Nochevieja de J.M. Madrid, 1 de enero de 2005. Estos son los hechos: - 0'05 h de la madrugada. Mi amigo J.M., sus padres, hermana, tíos, primos, etc., celebran con euforia la entrada del nuevo año. De pronto, la tía de J.M. recuerda que trae buena suerte depositar los anillos de oro en el interior de la copa de cava y brindar con ellos. - 0'07 h. J.M. observa despreocupado cómo su madre deposita en el interior de su copa la única joya valiosa de la familia, un pedazo de anillo con zafiros y esmeraldas que le regaló su abuela y que debe costar casi un millón de las antiguas pesetas, y brinda con alegría. - 0'12 h. Los ánimos se calientan al calor de las burbujas. Minutos de algarabía. Alguien propone salir a la terraza: se trata de un quinto piso. - 0 horas 18 minutos 32 segundos. Uno de los tíos de J.M. (achispado por el tinto) hace un nuevo brindis y después arroja el culín de cava hacia el exterior, a la calle, como un experimentado bebedor de sidra. Alguien comenta que este ritual también trae buena suerte. - 0 horas 18 minutos 43 segundos. Llevada por el desenfreno, la madre de J.M. arroja el contenido de su copa hacia el horizonte: durante u n segundo, se observa un chorrito de cava sobre un fondo estrellado, seguido de un hermoso anillo de esmeraldas de casi cuarto de kilo que se pierde en el vacío. -0'19 h. Cunde el pánico. - 0'21 h. Me asomo a la ventana y descubro la escena: un grupo de gente elegantemente vestida busca con desesperación en el jardín, entre la maleza. Mi amigo J.M. está de pie, con una linterna. Me mira. 13/01/05 Calcetines rotos Todos nos hemos caído alguna vez de la bicicleta. Pero nadie como mi amigo J.M., que tan buenos ratitos ha dado a esta página. J.M. tenía alrededor de 12 años y una bici Motoreta. Por entonces era gordito, no demasidado ágil y se había comprado unos guantes de cuero para fardar. Lo que de verdad molaba en aquella época era el "bicicross", así que J.M. colocó el manillar de su bici hacia delante (para darle un efecto más aerodinámico y molón a la Motoreta) y se situó en lo alto de una larga y empinada cuesta por la que muy pocos nos habíamos atrevido a bajar. Llegó el momento. J.M. levantó los pies del suelo y se dejó caer por la pendiente. Un segundo después, cuando la velocidad empezó a ser vertiginosa, J.M. comprendió que sus manos - con el manillar hacia delante - no llegaban a los frenos. Demasiado tarde. J.M. se empotró contra el maletero de un coche en una hostia cósmica, colosal, salvaje. Mi amigo D., testigo del suceso, dice que el impacto sonó como la erupción del Krakatoa. El hierro del manillar se aplastó contra el estómago de J.M., que - sin respiración -comenzó a ponerse de todos los colores. Una señora que pasaba con un carrito de bebé se acercó hasta él e intentó reanimarle. Cómo no le vería, que la buena mujer sacó el biberón que llevaba para el crío y comenzó a rociar de agua la cara de J.M. a golpes de tetina. Imaginen la escena. J.M. recuerda la imagen de una señora, sosteniendo un bebé con un brazo y regándole la cara con el otro. Fue volviendo en sí, y vio que sus zapatillas habían salido despedidas a varios metros de allí. Después se miró los pies y contempló, atónito, una fila de dedos asomando. De la hostia se le habían roto los calcetines. Accede alFORO DE FOGONAZOS Archivos No olvides que puedes visitar los ARCHIVOS DE DIAS ANTERIORES en la barra de la izquierda. Enlaces
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