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¡TU VIDA! "(Muévete), me dije. (Si puedes moverte es que no estás enfermo). Volví a contemplar el suelo mientras se deslizaba bajo mis pies, el agua que salía despedida de las ruedas y los radios que giraban. Vi más letras pintadas, deslucidas ya, y mi nombre medio borrado: Adelante Armstrong. Mientras seguía pendiente arriba, vi mi vida como un todo. Vi su estructura y el privilegio que suponía vivirla, y también su propósito. Y se trataba meramente de esto: yo estaba destinado a una escalada larga y dura." Los libros de Lance
Además Lance tiene publicado un libro de fotografías:Imágenes de un campeón Aparte de los anteriores también existen Mi vuelta a la vida en catalán: Aixo no va de bicise inglés: It`s not about the bike: my journey back to life "Cuando tenía venticinco años padecí cancer testicular y estuve a punto de morir. Me dieron menos del cuarenta por ciento de posibilidades de sobrevivir y, francamente, algunos de mis médicos me concedieron esa probabilidad sólo para que no perdiera la esperanza.." "Estoy seguro de que les gustaría saber cómo Lance Armstrong se convirtió en el gran americano y cómo ganó el Tour de Francia, esa carrera de casi 3700 kilómetros que se considera el acontecimiento deportivo más agotador sobre la faz de la Tierra..Pero el Tour fue lo menos importante de la historia. Hay cosas que no son fáciles de decir ni agradables de leer. Quiero pedirles, ya de entrada, que dejen de lado sus ideas sobre héroes y milagros, porque yo no soy material para una novela. Esto no es Disneylandia ni Hollywood.Les voy a poner un ejemplo: He leido que volé por las colinas y montañas de Francia, pero nadie vuela para subir una colina. Uno se esfuerza lenta y dolorosamente cuesta arriba y, quizá, si lo ha intentado de verdad, llega a la cima antes que los demás." "Tras el divorcio, mi madre y yo estuvimos más unidos que nunca. Creo que ella había sido desgraciada durante mucho tiempo, y cuando una persona no es feliz no es ella misma. A veces comentaba lo frustrada que se sentía en el trabajo, donde creía que no la valoraban lo suficiente por el mero hecho de ser una secretaria. -¿Por qué no te vas?- le preguntaba yo. -Hijo nunca te des por vencido-decía ella-Lo superaré." SI CONTINUAS LEYENDO HARÁS ALGO TAN BONITO COMO ACABAR LO QUE EMPEZASTE “Me retiré del Tour de Francia al cabo de sólo cinco días. En una de las etapas llovió, y eso me produjo faringitis y bronquitis. Me pasé el día tosiendo y con dolor de lumbares.” “En Atlanta mi cuerpo volvió a rendirse...Fueron buenos resultados globales pero decepcionantes si tenía en cuenta mis elevadas expectativas.” “-Soy el hombre más feliz del mundo. Me encantaba mi vida. Estaba saliendo con una preciosa amiga de la universidad de Texas llamada Lisa Shiels, acababa de firmar un nuevo contrato de dos años con un prestigioso equipo ciclista francés, el cofidis, y tenía una casa nueva y gigantesca. Sólo hubo algo que me arruinó la ocasión, y fue que en mitad del concierto empezó a dolerme la cabeza. Comenzó como una especie de martilleo sordo, y me tomé un par de aspirinas que no me ayudaron mucho; en realidad, el dolor aumentó.” “Yo pensaba que sabía lo que era el miedo, pero escuchar las palabras (tiene usted cáncer)lo cambió todo. El miedo de verdad vino ahora trayendo una sensación inconfundible, como si mi sangre empezase a fluir en dirección contraria. Los temores pasados, el miedo a no gustarle a los demás, el miedo a que se rieran de mí, el miedo a perder mi dinero, todos parecían de repente pequeñas cobardías. Ahora todo ganaba una nueva perspectiva: las angustias de la vida -una rueda pinchada, perder una carrera, un atasco de tráfico- adquirían su verdadera categoría como necesidades o simples deseos, como problemas reales o sustos sin importancia. Así que un viaje en avión en medio de turbulencias era solamente eso, pero no era tener un cáncer.” “Ya un poco más entero, fui a mi habitación y empecé a llamar por teléfono a todas aquellas personas a quienes necesitaba decírselo cuanto antes... -Tengo algo que decirte...Hay malas noticias. -¿Qué? ¿Has tenido problema en alguna carrera? -Tengo cáncer. Quería decirle a Kevin cuáles eran mis sentimientos y cuánto necesitaba verle, pero él estaba en un apartamento con otros tres miembros de la selección estadounidense y no quería que ellos lo supieran. Así que tuvimos que hablar en clave. -Ya sabes -le dije. Y él respondió: -Si, ya se. Y eso fue todo. Colgamos. Al día siguiente él estaba ya en le avión camino de casa.” “Había otro asunto importante: durante un tiempo yo sería estéril. Mi primera sesión de quimioterapia estaba planificada para la semana siguiente, y Youman me aconsejó que donara todo el esperma que pudiera a un banco de semen. El viaje a San Antonio fue triste. Lo único que aliviaba la tensión fue que Kevin Livingston, que acababa de llegar, hizo el viaje conmigo para darme ánimos. Me alegré de volver a verle. Tiene una cara ancha, el cabello negro y unos ojos azules muy intensos, y siempre parece estar a punto de reírse. Cuando él se encuentra cerca resulta difícil que te dure el mal humor. Por fin llegamos al centro médico de San Antonio. Cord y Kevin se quedaron con mi madre en la sala de espera mientras una enfermera me llevaba a una sala privada, y Kevin se las arregló para hacer un chiste malo, reduciendo la terrible tensión que nos atenazaba. -Eh, Lance -me dijo -, ¿necesitas una revista? Apenas pude sonreir. Entré en una habitación con una especie de sillón, un diván. La luz era difusa, supongo que para crear ambiente. En una mesita había una pila de revistas. Pornográficas, comprobé disgustado. Me acerqué al diván, solté un tremendo suspiro y estuve a punto de llorar. Me dolía mucho: la cicatriz estaba justo en la parte superior de mi ingle, hasta el abdomen. Me sentía deprimido y cada vez más hundido de conocer el último diagnóstico ¿y se suponía que ahora debía tener una erección? No había manera. Mientras estaba recostado en el sofá pensé: (las cosas no son así). Se supone que engendrar un hijo debe implicar estar lleno de ilusiones, y no atrapado por este método triste, solitario y desesperado. No tenía elección, así que cerré los ojos e hice lo que debía hacer.” “El lunes por la mañana llegó el momento de anunciar lo que pasaba. Celebré una rueda de prensa para informar de que estaba enfermo y que no seguiría compitiendo. Todo el mun estaba allí, Bill, Lisa, mi madre y algunos patrocinadores. -Estoy decidido a luchar contra esta enfermedad -concluí -. Y voy a ganar.” “ En la competición que era la enfermedad no podía permitirme el lujo de ser impaciente o perder la concentración; tenía que pensar en mi vida, fortaleciéndola minuto a minuto. Esta idea, de alguna manera, me resultaba reconfortante: la mejor victoria posible sería recuperar mi propia vida. Al cabo de unos días el coche estaba vendido. Lo hice por dos motivos. El primero era que pensaba que iba a necesitar todo mi dinero para pagar el tratamiento y vivir el resto de mi vida con lo que me quedara. Pero creo también, y éste es el segundo, que empezaba a experimentar la necesidad de simplificar las cosas.” “- Aquí atendemos los casos más graves - Aclaró -. Es cierto que te encuentras en la categoría de pronóstico desfavorable, pero hemos curado a gente que estaba mucho peor. Después me dejó de piedra: quería ajustar mi tratamiento con miras a que pudiese volver a competir. Eso era algo que ningún médico, excepto Steve Wolff, me había dicho. Ni uno. Me quedé tan sorprendido que al principio no me fié de lo que me decía. El viaje a Houston me había desanimado muchísimo, sobre todo la descripción del tratamiento y las medidas extremas que habría que adoptar para salvarme. - Usted simplemente ayúdeme a vivir - Contesté. Pero Nichols no sólo confiaba en que pudiera vivir, sino que parecía tener esperanzas de que podría volver a correr.” “Nichols me dijo que, inmediatamente después de la cirugía, empezaría mi régimen de quimioterapia con él. Me presentó a la jefa de enfermeras de oncología, LaTrice Haney, que se ocuparía de mí, y nos pusimos a definir la agenda del tratamiento.” “ La noche antes de la operación pensé en la muerte. Examiné mis valores principales y me pregunté si, en caso de morir, quería hacerlo luchando con uñas y dientes o resignándome en paz. ¿qué tipo de carácter quería demostrar? ¿estaba contento conmigo mismo y con lo que había hecho con mi vida hasta el momento? Decidí que, en esencia, era una buena persona, aunque también podría haber sido mejor; pero, al mismo tiempo, era consciente de que eso al cáncer le daba igual. Me pregunté en que creía. Nunca había rezado mucho. Mis esperanzas y deseos eran intensos, pero no oraba. Mientras crecía había desarrollado cierta desconfianza por las religiones organizadas, pero me sentí con capacidad para tener inquietudes espirituales y creencias. Dicho en términos sencillos, creía que tenía la responsabilidad de ser una buena persona, y eso implicaba justicia, honestidad, trabajo duro y honorabilidad. Si lo conseguía, si era bueno con mi familia, fiel a mis amigos, si devolvía algo a mi comunidad o a alguna causa justa, si no mentía, estafaba o robaba, creía que eso bastaría. Al final de mi camino, si en realidad había allí Alguien, alguna presencia que me fuera a juzgar, esperaba que se basara en si había llevado una vida auténtica, no en si creía en determinado libro o en si había sido bautizado. Si en realidad al final de mis días, había un Dios, esperaba que no me dijera ‘pero si no eres cristiano. Nada de entrar en el cielo’. Si era así, le contestaría: ‘¿Sabes que te digo? Que es cierto. Vale’.” “Mientras pasaba por la terapia me sentía cada vez más unido a los otros pacientes. A menudo estaba demasiado enfermo como para relacionarme con ellos, pero una tarde LaTrice me pidió que fuese a la sección infantil a conversar con un muchachito que iba a empezar su primer ciclo. Él tenía miedo y sentía vergüenza, como me había pasado a mí. Pasé un rato con él y le dije: - Yo he estado muy enfermo. Pero ya estoy mejor. Luego le enseñé mi carnet de conducir. Durante la quimioterapia mi permiso había caducado. Podía haber demorado la renovación hasta que me sintiera mejor y me hubiera vuelto a crecer el pelo, pero decidí no hacerlo. Me puse ropa de abrigo y me acerqué al Departamento de Tráfico, donde tuve que renovar las fotos y ponerme delante de una cámara. Estaba conpletamente calvo, sin cejas ni pestañas, y tenía la piel del color de la panza de un palomo. Pero miré a la cámara y sonreí. - Quería sacarme esta foto para que, cuando me pusiera mejor, nunca olvidara lo malo que estuve - le dije-. Así que tienes que luchar.” “Mientras estaba enfermo me decía a mí mismo que nunca volvería a decir tacos, a beber cerveza, ni a perder la compostura. Iba a ser el tío más genial y de vida más inmaculada que nadie pudiera imaginar. Claro que la vida sigue, las cosas cambian y las intenciones desaparecen. Después vuelves a beber cerveza y a decir palabrotas.” “Lo que uno aprende al sobrevivir es que cuando se acaban los gritos, cuando se supera el desánimo y la crisis personal, cuando uno ha aceptado el hecho de la enfermedad y celebrado la recuperación de la salud, las viejas rutinas y hábitos, como afeitarse por la mañana, ir al trabajo, amar a la esposa o criar a unos hijos.... Todo ello son hebras que componen el tapiz de los días, son lo que conforman la estructura a la que llamamos vida.” “Cuando la marca Wheaties decidió ponerme en el lateral de sus cereales tras el Tour de Francia les pregunté si podrían organizar una rueda de prensa en la sección infantil del hospital donde mi hijo había nacido. Mientras visitaba a los niños y les firmaba autógrafos un pequeñajo agarró una caja de cereales y se pegó a mis rodillas, aferrándola contra su pecho. - ¿Me la puedo quedar? - preguntó. - Sí, claro que sí - contesté -. Es tuya. Él se quedó allí, mirando la caja y luego me miró. Me imaginé que estaría impresionado o algo así, pero dijo: - ¿Qué forma tienen? - ¿Cómo? - pregunté. - ¿Qué forma tienen? - Bueno - dije yo-, son cereales. Hay de todas las formas. - Ah - dijo él.- Vale. _ ¿Lo ven? Para él no se trataba de cáncer, porque lo importante eran los cereales.” Textos sacados del libro < Mi vuelta a la vida > Por Sally Jenkins |
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