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ROSAS
Lunes, 24 de marzo de 1997 LANCE ARMSTRONG Ciclista Austin, Texas (EEUU) 25 años Campeón del mundo en 1993 ALEJANDRO DELMAS Los Angeles/Especial para El Mundo Con el diablo tras sus pasos y sobre ruedas, Lance Armstrong aún no ha protagonizado ninguna película de Spielberg. Quizá vaya mereciéndolo. «Insisto de una vez y para siempre en que ni droga ni medicamento alguno deben relacionarse con mi enfermedad. Arnold Palmer también tiene cáncer de próstata y nadie ha dicho nada». Esa es una declaración típica del campeón mundial de ciclismo de 1993. Típica desde octubre del 96, justo cuando se le diagnosticó en Indianápolis cáncer en los testículos, sólo semanas después de dejar al Motorola por el equipo francés Cofidis, a cambio de un millón de dólares -unos 142 millones de pesetas- por un par de temporadas de contrato. Lance Armstrong, tras sufrir tratamiento químico intensivo durante todo el invierno, ha visto cómo los niveles en su sangre de HCG, la gonadotropina maligna coriónica, han descendido hasta límites tolerables (1.7 millones/ml.). Reaparición «Pero quizá nunca vuelvan a cero», asegura el ex campeón mundial, que reapareció ayer en una carrera benéfica («la Carrera para las Rosas»), en su ciudad natal, Austin. Con este evento se presentaba la Lance Armstrong Foundation, en presencia de más de 1.000 ciclistas, entre ellos Sean Kelly y Eric Heiden, grandes amigos de Armstrong. También Arnold Palmer (61 años), la leyenda del golf en los años 60, regresa al circuito de veteranos tras su combate con un tumor de próstata. «No sé hacer otra cosa», dice Palmer. «Si hago las 100 millas de la carrera (algo más de 160 kilómetros), es para demostrarle a la gente y a los potenciales enfermos que un diagnóstico de cáncer no tiene por qué suponer el final de la vida», sentencia el campeón mundial de Oslo'93. Armstrong canceló su temporada a comienzos de septiembre, seis semanas antes de lo planeado, cuando no podía tenerse en pie sobre una bicicleta. Por esas mismas fechas, el Comité Olímpico Italiano, en un informe médico escandaloso, aseguraba que el 80% del pelotón profesional recargaba pilas con una droga nueva, sintética, hormonal y no detectable, la EPO. En octubre, tras los reconocimientos médicos de Indianápolis, Lance Armstrong añadió un nuevo contrato al ya cerrado con Cofidis. Esta vez, el tejano de Austin había firmado un criterium con el cáncer. Durante su estancia en el Motorola, Armstrong había visto morir en la carretera a su coequipier Fabio Casartelli, que se partió la cabeza en el Tour'95, al estrellarse en el descenso del Portet D'Aspet. A los cuatro días, Lance ganó la etapa de Limoges alzando los brazos al cielo como un símbolo del homenaje de la Grande Boucle a Casartelli, y poco después se impuso en la World Race de San Sebastián. Pero en el 94, Greg LeMond el superclase estadounidense hubo de retirarse, enfermo. Había sobrevivido a una ráfaga de perdigones en una partida de caza, pero un mal de origen nervioso, la miopatía mitocondrial, le convirtió en un jubilado de 33 años. «En la bicicleta, ahora no me siento como antes. No sé si es la pérdida de la forma, o los daños de la quimioterapia, pero me faltan la fuerza y la capacidad pulmonar». Los doctores de Indianápolis le desaconsejan que se entrene a tope con el fin de reaparecer esta temporada como profesional, aunque Cofidis con un millón (de dólares) de razones, ha emitido un comunicado aireando sus esperanzas de que el campeón de Oslo y paciente en los centros de oncología pueda regresar a la ruta antes de finales de año. Escepticismo «En este momento, eso es algo que realmente no me preocupa. Dicen que el cáncer va a desaparecer dentro de muy poco, pero ¿hasta cuándo?», explicaba Armstrong, ya con cabello, en la presentación de la Carrera para las Rosas. El cáncer de testículos, uno de los más raros, ataca a los hombres entre 18 y 30 años. La enfermedad de Armstrong es un caso entre millones. ¿Qué sabe el Comité Olímpico Italiano sobre la EPO? Robbin Williams en la edición del 2002. No hay nada más bonito que poder ver los rayos del sol brillar entre las nubes y no tener nada más que hacer, tan solo VIVIR.
Momentos de la Carrera de las Rosas. |
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