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Poesía Persa, presentación y selección de JULHUM De SOHRAB SEPEHRÍ (1928-1980),poeta y pintor, más o menos del tiempo de nuestro Ángel González he seleccionado 4 poemas: el segundo, bastante denso y desolador, describe un contundente y sobrio paisaje desértico... El 1, 3 y 4 son de un original y bello contenido, para mí a la altura del mejor Neruda, por ejemplo) TIERNO TIEMPO DE LA ARENA La lluvia lavaba los límites de la calma. Yo jugaba con las arenas húmedas del partir, soñaba con coloridos viajes y sentía nostalgia. Desplegado en el jardín había un mantel entrañable. En el centro del mantel, como un presentimiento iluminado: un racimo de uva cubría toda la duda. La reconstrucción del silencio me perturbó. Vi que árbol existía. Si existe el árbol, es claro que hay que existir. Hay que existir y seguir las huellas de las historias contadas hasta el cauce blanco. Mas ¡ay, variopinta desilusión! SOLEDAD EN EL PAISAJE Pinos muy altos, cuervos muy negros, cielo suficientemente azul, pedregales, contemplanción, abstracción, alamedas que se prolongan hasta la nada, canalón adornado de gorriones, sol directo, tierra llena de alegría Al alcance de los ojos sólo la agudeza del otoño. ¡Oh bella insólita, de mirada llena de húmedos acentos como u sueño henchido de verdoso tartamudeo de un jardín, de ojos vírgenes como la timidez reticulada, de párpados vacilantes como los dedos inquietos del viajero insomne bajo el despierto sauce! A la orilla del río la intimidad esparcía cenizas familiares sobre el rescoldo de la percepción. Lento era el pensamiento. Lejano el deseo, como ave fabuladora cantando en un árbol. En qué lugar de los otoños futuros relatará una boca arbolada historias de tan sublimes viajes. HASTA LA FLOR DE LA NADA Caminábamos. ¡Altos eran los árboles, negro el espacio de la visión! Un sendero se abría desde nosotros hasta la flor de la nada. Una muerte en las laderas, una nube en la cresta de las montañas y los pájaros a la orilla de la vida. Catábamos: "Sin ti era una puerta hacia el exterior, una mirada a las riberas y un a voz en el desierto de sal" Caminábamos, la tierra se asustaba a nuestros paso y el tiempo nos inundaba de lluvias. Reíamos: el abismo se despertó súbitamente y los ocultos interiores esparcieron la voz. Nosotros en silencio, el desierto cuidoso y el horizonte: un hilo de mirada. Nos sentamos: tu ojo lleno de lejanías, mi manos llenas de soledad y las tierras sumidas en suave somnolencia. Nos quedamos dormidos. Y dicen , que en un sueño, una mano cogió una flor. OASIS EN EL INSTANTE Si venís a buscarme estaré más allá de la tierranada. Más allá de la tierranada hay un lugar. Más allá de la tierranada las venas del aire están llenas de villanos mensajeros que nos traen noticias de una flor recién abierta en el arbusto del extremo confín de la tierra. En la arena hay dibujos de cascos de caballos, de sutiles jinetes que al alba se dirigieron hacia las alturas ebrias de la asunción de la amapola. Más allá de esa tierranada, el guardasol del deseo permanece abierto; y cuando la brisa de la sed corre por el fondo de una hoja se oyen las campanas de la lluvia. Aquí el hombre está solo y en su soledad la sombra de un olmo se extiende hasta la eternidad. Si venís a buscarme, venid, pues, lenta y suavemente para que no se raye la porcelana de mi soledad. Ahmad Shamlu,1925, editor y traductor de Lorca... dicen que tal vez sea el más insigne poeta iraní (persa) vivo. Aún sigo pensando en aquel cuervo sobre los valles de Yush... Con su doble susurro, su tijera negra recortó en el nublado cielo de papel una curva insonstante. Y al dirigirse a los cercanos montes, el graznido seco de su garganta dijo algo que los montes impacientes bajo el ardiente sol no dejaron de repetir, rígidos de asombro, con sus cabezas de piedra, mucho tiempo después. A veces me pregunto: ¿Qué tiene que decir un cuervo con su presencia decisiva, tajante, y su color de luto pertinaz cuando a mediodía extiende las alas sobre el amarillo tostado del trigal para sobrevolar unos álamos, con tal aullido y tal furor, a los viejos montes, para que estos ermitaños cansados y soñolientos, en el mediodía veraniego, se lo repitan unos a otros todavía mucho tiempo después. Poemas seleccionados y prólogo de JULHUM |
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