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BOTELLA AL MAR Verás: Una vez, paseando por la playa, encontré una botella que flotaba muy cerca de la orilla. Cuando me di cuenta de que parecía contener un mensaje dentro, la curiosidad lanzó mis manos sobre ella. Yo creía que hoy en día nadie se dedicaba ya a poner mensajes en botellas. Ya sabes; en este mundo en que vivimos, incluso el romanticismo se ha adaptado a las telecomunicaciones ¿no? Pues tenía razón. La botella estaba sellada, no solo con un tapón de corcho, sino también con una capa de lacre. Este detalle, junto con el diseño de su forma, me llevaron a la conclusión de que era antigua. Quién sabe de cuándo. Deseaba conocer su contenido, pero no quería romperla; y mi paciencia no podía esperar a tener las herramientas adecuadas. Siempre he pensado que las mejores herramientas del hombre son el cerebro y la determinación. Así que con unas llaves, una piedra y un poco de insistencia, conseguí abrirme paso sin dañar el cristal. ¡Ya casi lo tenía!¿Se trataría de un documento importante, una traición, una carta de amor, un náufrago pidiendo ayuda…? Volqué la botella pero el mensaje no caía. Intenté alcanzar el papel con un dedo, pero no llegaba por poco. ¿Tendría que romperla al fin? No. Romper la botella para descubrir su contenido era como una violación, una profanación, un sacrilegio; era conseguir algo sin merecerlo. Busqué por la arena descartando colillas, conchas, plásticos, papeles, y objetos indefinidos, hasta dar con el palo de una piruleta. Es curioso como puede fluctuar la utilidad y la inutilidad de las cosas. Con algo de habilidad y contorsionismo digital logré por fin hacer salir el dichoso papel. Estaba amarillento, pero bien conservado. La escritura, con pluma y de caligrafía elegante, se leía claramente en otro idioma que por suerte conocía: “El corazón es la brújula que me guía” Nada más. No ponía nada más. Aquella botella que yo no había querido romper, había navegado a través del espacio y del tiempo para venir a revelarme esta simple frase. Y esta es la historia. Ya ves que me quedé con ella. Le puse una vela, y ahora me ilumina cada vez que hay un apagón. |
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