|
Poblado
Areas
Sumario
Compras |
República, Uno, dos, tres Granada, 14 de abril de 2005 La izquierda española está acostumbrada a conmemorar luchas pasadas. Desde luego, cualquier ocasión es apropiada para mostrar nuestro más profundo respeto, admiración y gratitud por los compañeros y camaradas caídos, exiliados, humillados y condenados al silencio. Pero ese respeto no es en absoluto contradictorio con analizar y aprender de sus experiencias para comprender el presente, y preparar nuestra actividad desde ese conocimiento, porque es la única forma de que la apelación a su memoria sea algo más que hipocresía o expresión de frustración e impotencia. Sin duda, muchas cosas han sucedido y han cambiado desde que la alianza de los obreros anarquistas, socialistas y comunistas y la pequeñoburguesía liberal-democrática proclamó, a través del artículo primero de la Constitución de 1931, que ´España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo. La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones. La bandera de la República Española es roja, amarilla y morada´. Si lo comparamos con el artículo primero de la Constitución de 1978 se hará evidente: ´1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. 2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. 3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.´ Más allá del cambio de república por monarquía, lo fundamental es que tanto los conceptos diferentes como los comunes se definen respecto a categorías distintas: los trabajadores de toda clase han sido sustituidos por la nación. El pueblo republicano, pueblo como conjunto de clases explotadas, a partir de 1978 es constitucionalizado como pueblo español. El concepto de nación disipa la división de clases, oculta la explotación, y también la dominación política que la hace posible, a través de la igualación ficticia por la condición de ciudadano. El camino hacia la III República está abierto desde hace tiempo, pero debemos evitar restringirlo a un mera cuestión simbólica, al problema de la jefatura del estado, a lo que podría ser una lucha de la burguesía contra la aristocracia si no fuera porque la consolidación del capitalismo en España se ha producido mediante el pacto entre esas dos clases. La III República avanzará en la superación de la democracia representativa hacia una democracia participativa o no será; la III República avanzará en la eliminación de la explotación económica en sus diversas concreciones (trabajar para otro, y no para todos; paro, precariedad, despidos masivos y prejubilaciones; muerte, mutilaciones y ´enfermedades profesionales´) o no será. La III República será si transformamos la indignación en una visión realista de la política, la indignación que produce en cualquier demócrata la diferencia de poder por nacimiento en la comprensión de que la III República ha de constituirse como una ´República democrática de trabajadores de toda clase´ o no lo hará como nada; de que hay que tejer la alianza de los trabajadores fordistas, del precariado post-fordista, de los trabajadores laborales del Estado y de los sectores más democráticos del funcionariado y las profesiones liberales para conseguir el cambio. |
|||||||||||

